Si acabas de montar tu sociedad limitada y te has dado de alta como autónomo, puede que te hayas llevado una sorpresa desagradable: tu cuota a la Seguridad Social es más alta que la de tu amigo que también es autónomo pero trabaja como persona física. Y no, no es un error. Eres lo que se conoce como autónomo societario, una figura que juega con reglas ligeramente distintas.
En este artículo te explico qué significa esto exactamente, por qué acabas pagando más y qué tener en cuenta a la hora de calcular tu cuota.
Qué es un autónomo societario
Un autónomo societario es, básicamente, la persona que controla una sociedad (normalmente una SL) y que, por esa relación de control, está obligada a cotizar en el RETA (el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos).
No basta con tener unas pocas participaciones. La ley entiende que ejerces ese control cuando se da alguna de estas situaciones:
- Eres administrador de la sociedad y además tienes el control efectivo de la misma.
- Posees, al menos, la mitad del capital de la empresa (sumando tu parte y la de familiares con los que convives).
- Tienes una participación igual o superior a un tercio del capital.
En otras palabras: si mandas de verdad en la empresa, Hacienda y la Seguridad Social te consideran autónomo societario, aunque sobre el papel la sociedad tenga personalidad jurídica propia.
Por qué cotizas más que un autónomo persona física
Aquí está la clave del asunto. Todos los autónomos cotizan en función de sus rendimientos netos dentro del sistema de cotización por ingresos reales. Pero hay una diferencia importante:
El autónomo societario tiene una base mínima de cotización superior a la del autónomo persona física.
Esa base mínima está ligada a un grupo del Régimen General (el grupo en el que encajan ciertos puestos de dirección y gerencia). El resultado práctico es que, aunque tu sociedad gane poco o incluso tengas un mal año, tu cuota nunca podrá bajar de ese suelo, que es más alto que el del autónomo corriente.
Dicho de otra forma: mientras un autónomo persona física con rendimientos bajos puede acogerse a las cuotas más reducidas de la tabla, tú tienes un mínimo por debajo del cual no puedes cotizar, con independencia de lo que factures.
Por eso, dos personas que ganan exactamente lo mismo pueden pagar cuotas distintas solo por la forma jurídica que han elegido para su actividad.
El familiar colaborador: un caso parecido
El autónomo societario no es el único que tiene condiciones particulares. El familiar colaborador —esa persona que trabaja de forma habitual en el negocio de un familiar autónomo con el que convive— se encuentra en una situación similar en cuanto a su encaje en el sistema.
Se trata, por ejemplo, del cónyuge o los hijos que echan una mano en el negocio familiar de manera continuada. También tienen sus propias reglas de alta y de cotización, distintas a las del autónomo persona física estándar, por lo que conviene calcular su caso aparte.
Una deducción por gastos genéricos más baja
Hay otro detalle que suele pasar desapercibido y que también juega en tu contra. Al calcular el rendimiento neto sobre el que se determina la cotización, la ley permite descontar una deducción por gastos genéricos de difícil justificación.
Pues bien:
- El autónomo persona física aplica un porcentaje de deducción mayor.
- El autónomo societario aplica un porcentaje menor.
¿Qué significa esto en la práctica? Que tu rendimiento neto computable sale un poco más alto, y por tanto tu tramo de cotización también puede subir. Es un segundo motivo, además de la base mínima, por el que el societario acaba pagando más.
Cómo saber cuánto te toca pagar exactamente
Como habrás notado, no he puesto cifras concretas de bases ni de cuotas. El motivo es sencillo: cambian todos los años. Las tablas de cotización por ingresos reales se revisan periódicamente, así que cualquier número que te diera hoy podría estar desfasado en unos meses.
Lo importante es que entiendas el mecanismo:
- Tu forma jurídica (persona física, societario o colaborador) determina tu base mínima.
- Tus rendimientos netos anuales te sitúan en un tramo de la tabla.
- Sobre esa base se aplica el tipo de cotización para calcular la cuota mensual.
Para no perderte con las tablas actualizadas, lo más cómodo es usar una herramienta que ya distinga entre los tres perfiles. Nuestra calculadora de la cuota de autónomos te deja elegir si eres persona física, societario o colaborador, y aplica automáticamente la base mínima y la deducción que te corresponden.
En resumen
Ser autónomo societario no es ni mejor ni peor: simplemente implica unas condiciones de cotización distintas. Pagas más porque tu base mínima es más alta y porque tu deducción por gastos genéricos es menor. Saberlo de antemano te ayuda a planificar mejor y a no llevarte sustos con el recibo de la Seguridad Social.
Si quieres ver tu caso concreto con las cifras de este año, pásate por la calculadora de la cuota de autónomos y compáralo tú mismo en un par de clics.