Cuando termina un contrato, mucha gente mete en el mismo saco dos conceptos que en realidad son muy distintos: el finiquito y la indemnización. Y no es un detalle menor. Confundirlos puede hacer que firmes un papel pensando que has cobrado de más cuando, en realidad, te falta dinero por recibir.
Aquí te explicamos, en cristiano, qué es cada cosa, cuándo te corresponde y por qué conviene que los mires por separado antes de estampar tu firma.
Qué es el finiquito
El finiquito es, básicamente, el dinero que ya has ganado y que la empresa todavía no te ha pagado. No es una compensación ni un premio: es tu salario pendiente cuando la relación laboral se acaba.
Dentro del finiquito suelen entrar tres bloques:
- Los días trabajados del último mes que aún no has cobrado.
- Las vacaciones no disfrutadas, es decir, los días de descanso que te quedaban por coger y que se pagan en dinero.
- La parte proporcional de las pagas extra que has ido generando durante el año y que todavía no habías recibido.
La clave del finiquito es esta: se cobra siempre que termina un contrato, sin importar el motivo. Da igual que te despidan, que finalice un contrato temporal o que seas tú quien decide marcharse. Incluso si dimites por voluntad propia, el finiquito te corresponde, porque es dinero que ya te habías ganado.
El finiquito tributa como una nómina
Otro punto importante: el finiquito tributa igual que tu sueldo normal. Está sujeto a IRPF y a las cotizaciones correspondientes, exactamente como cualquier nómina. No hay ninguna ventaja fiscal por el hecho de recibirlo al final del contrato.
Si quieres hacerte una idea de lo que te tocaría, puedes usar nuestra calculadora de finiquito e introducir tus datos para tener una estimación antes de hablar con la empresa.
Qué es la indemnización
La indemnización es otra cosa completamente distinta. No es dinero que hayas ganado trabajando, sino una compensación por la pérdida del empleo en determinados supuestos, sobre todo cuando el despido no es responsabilidad tuya.
A diferencia del finiquito, la indemnización no se cobra siempre. Depende de cómo termine el contrato:
- Si te despiden de forma improcedente o por causas objetivas, normalmente sí te corresponde.
- Si finaliza un contrato temporal, puede haber una compensación según el tipo de contrato.
- Si eres tú quien dimite sin causa justificada, por lo general no hay indemnización.
La cuantía depende de tu salario y del tiempo que hayas estado en la empresa, y varía según el tipo de despido. Como los criterios legales tienen sus matices, lo más sensato es calcularlo con datos concretos en la calculadora de indemnización por despido en lugar de fiarte de una cifra aproximada.
La indemnización puede estar exenta de IRPF
Aquí está una de las grandes diferencias con el finiquito: la indemnización por despido puede estar exenta de IRPF dentro de ciertos límites legales. Es decir, en muchos casos ese dinero llega íntegro a tu bolsillo, sin que Hacienda se lleve una parte.
No siempre es así al cien por cien y depende del tipo de despido y de la cuantía, pero es una distinción fiscal que conviene tener clara, porque cambia bastante lo que realmente acabas recibiendo.