Cuando eres autónomo, cada euro cuenta. Y una de las formas más directas de pagar menos impuestos es deducirte correctamente los gastos de tu actividad. El problema es que aquí hay mucha confusión: unos se deducen de todo sin control y otros, por miedo, no se deducen ni lo que les corresponde.
En este artículo te explicamos qué gastos puedes deducirte, con qué requisitos y cuáles son los casos más delicados donde conviene ir con pies de plomo. Esto no es asesoramiento fiscal personalizado, así que ante la duda consulta con tu gestoría.
La regla de oro: vinculado, justificado y registrado
Antes de entrar en ejemplos, quédate con tres condiciones. Para que Hacienda acepte un gasto como deducible, debe cumplir las tres a la vez:
- Vinculado a la actividad. El gasto tiene que estar relacionado con tu trabajo. Un ordenador si eres diseñador, sí. Las zapatillas para el gimnasio, no.
- Justificado con factura. Necesitas una factura completa a tu nombre (o al de tu empresa), con tus datos fiscales. El ticket simple no sirve para deducir el IVA.
- Registrado en tu contabilidad. El gasto debe estar anotado en tus libros y declarado en el trimestre correspondiente.
Si falla una de las tres, tienes un problema. Por eso la costumbre de pedir siempre factura y guardarla es tu mejor seguro.
Gastos habituales que sí puedes deducir
Estos son los gastos más comunes que la mayoría de autónomos pueden deducirse sin demasiada complicación, siempre que estén ligados a la actividad:
- La cuota de autónomos. Lo que pagas cada mes a la Seguridad Social es 100 % deducible en tu IRPF.
- Suministros y alquiler del local. Si tienes un local u oficina para tu actividad, el alquiler, la luz, el agua o el gas son deducibles.
- Material y equipos. Ordenadores, herramientas, mobiliario, software o consumibles que uses para trabajar.
- Servicios profesionales. La factura de tu gestoría, de un abogado o de un consultor.
- Formación. Cursos y material relacionados con tu actividad que te ayuden a mejorar profesionalmente.
- Seguros de la actividad. El seguro de responsabilidad civil o el que cubre tu negocio.
- Teléfono e internet. Si tienes líneas dedicadas a la actividad.
Como ves, el hilo conductor siempre es el mismo: que tenga sentido dentro de tu trabajo.